Hace unos días en una conversación casual alguien me dijo una frase que me hizo reflexionar, me dijo: «Con bitcoin me siento libre». Todos tenemos una definición de libertad, ¿Qué es para ti la libertad? para mí la libertad es el poder de escoger lo que deseas sin culpas ni miedos.

Soy muy curiosa, cuando algo me intriga investigo a fondo. Sobre todo me gusta conocer el origen de las cosas, y como no de mi propia historia, la historia del hombre.

Nuestra historia está definida por tres etapas: salvajismo, barbarie y civilización. En el primer estadio vivíamos apenas de aquello que podíamos recolectar y cazar. Por eso las pequeñas comunidades se desplazaban con frecuencia en busca de lugares con abundante alimento.

Sin embargo, los lazos estrechos de confianza entre sus miembros comenzaron a debilitarse a medida que la comunidad crecía. Porque nuestra capacidad de mantener lazos de confianza con otros es finita. Se cree que solo podemos mantener lazos íntimos de confianza con máximo 150 individuos.

En esta etapa surge la necesidad de encontrar un instrumento que representara la confianza que podíamos intercambiar con otros para satisfacer nuestras necesidades. Con el tiempo le llamamos dinero.

Principio de mínimo esfuerzo

Existe un principio llamado «Ley del mínimo esfuerzo». Describe nuestra naturaleza de tomar siempre el camino más fácil para lograr nuestros objetivos y esta naturaleza existe en nuestra especie desde el inicio de los tiempos.

Este principio es lo que incentiva a los hombres a perseguir sus objetivos, algunos a costa incluso de la moral y la ética. Esta condición ha afectado a todas las representaciones de dinero que hemos usado, bien sea por falsificaciones, robos o fraudes.

Cada vez que el hombre conseguía un instrumento que representaba la confianza que el podía intercambiar para cubrir sus necesidades, también se descubría una forma de vulnerarla, entonces el hombre debía buscar otra alternativa.

Llevar a cabo esta tarea por nuestros propios medios requería un gran esfuerzo, que iba en contra de nuestra propia naturaleza. Entonces descubrimos un lugar donde no solo podíamos depositar nuestra representación de confianza, sino que además se encargaría de resguardar su integridad y nos quitarían el peso de constatar que estas representaciones no hayan sido vulneradas. Fue una gran idea, conseguimos a quien delegar nuestra confianza con garantías al mínimo esfuerzo, luego le llamamos bancos.

Hacían un gran trabajo, ya no teníamos que cargar con nuestra confianza tan pesada a todos lados. Si viajábamos a otro territorio solo debíamos acudir a este tercero para que nos regresara la confianza que luego intercambiábamos con otros para satisfacer nuestras necesidades.

Abuso de confianza

Abusamos del principio de mínimo esfuerzo. El tercero ya no resguardaba nuestras representaciones de confianza sino que se convirtió en la «confianza» misma y cualquier instrumento que nos daba bastaba para nosotros, porque a fin de cuentas podíamos acudir ahí en cualquier momento.

Sin embargo, este tercero cometió errores, abusó de nuestra confianza en muchas ocasiones. Nos hizo volver al inicio de todo para buscar otra representación de confianza, pero estos terceros no quieren que busquemos opciones por que les quitaríamos el poder que una vez les dimos.

Por eso la representación de confianza que encontremos debe ser inmune a ellos. Además debe cumplir el principio de mínimo esfuerzo, así tendremos nuevamente el poder de escoger lo que deseamos, sin culpas ni miedos, volveremos a ser libres. Por eso bitcoin no se trata de dinero, se trata de confianza.

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